OBRA TEATRAL

SUCEDIÓ ESA NOCHE DE...LIGIA ÁLVAREZ
Obra teatral de Ligia Álvarez
A Carmen Adela y Pedro Sabás, por los siglos de los siglos.
PERSONAJES
Carmen Adela, una anciana de noventa años.
Patricia, adolescente de diecisiete años, estudiante de Letras.
Mamaíta: Señora de cuarenta años (este papel puede ser representado por la misma actriz que encarna a Carmen Adela, sólo es cuestión de un cambio de actitud y que se muestre más joven).
Carmen Adela joven, treinta años.
Luisa, comadre y amiga del pasado de Carmen Adela, treinta años.
Dr. José Gregorio Hernández.
Ligia Elena, vecina actual de Carmen Adela, cincuenta años.
La sala de una casa antigua. Del techo cae una lámpara de lágrimas de cristal. En una de las paredes hay un cuadro de naturaleza muerta y una imagen del doctor José Gregorio Hernández acompañando a un hombre moribundo. Se observan una mecedora de caoba, unos muebles de madera marrón del tipo rústico(de paleta) y un secreter. Igualmente, está presente un sofá grande que parece muy cómodo A un lado de la mecedora se ve una lámpara- mesa donde descansan el teléfono de disco y un pequeño porrón con una planta reseca. Al fondo hay tres puertas que conducen a distintos lugares de la casa: la cocina, en el centro, la habitación de Carmen Adela a la derecha, y otra habitación a la izquierda.
ESCENA I
Alguien llama a la puerta de manera insistente. Sale la anciana de la habitación del centro arrastrando los pasos.
CARMEN ADELA ¡Un momento quien quiera que sea! ¿Cómo que cree que tengo 20 años? Aunque quiera no puedo correr, me duelen todos los huesos, desde el más pequeño hasta el más grande. ¡Ya! ¡Ya! ¿Quién? ¿Qué se le ofrece?
Abre sin esperar respuesta. Patricia entra.
PATRICIA Buenas noches.
CARMEN ADELA No tan buenas, después de tamaña interrupción a estas horas de la noche.
PATRICIA Disculpe, abuelita.
CARMEN ADELA No hay disculpas que valgan. ¿Usted hijita no aprendió, o no le han enseñado, que se debe ser cauteloso cuando se le toca la puerta a una persona mayor? ¡Podría causarle un infarto!
PATRICIA (Apenada) Claro que me lo han enseñado, abuelita. Pero desconocía quien vive aquí. Para mí sí valen las disculpas, sobre todo cuando se piden de corazón como lo hago yo.
CARMEN ADELA ¿No cree que hubiera sido mejor no tener que pedir disculpas? Toque la puerta más civilizadamente.
PATRICIA ¡Perdón! ¡Perdón!
Se coloca ambas manos en el lado del corazón.
CARMEN ADELA ¡Pero así es esta juventud de ahora!
PATRICIA ¡Dios mío! ¿Entonces desea que me arrodille?
CARMEN ADELA (No hace caso a la pregunta) Se la pasan pidiendo disculpas, cuando sería mejor evitar dañar para no tener que excusarse. ¡Me vienen a interrumpir! (Con ira). Estaba conversando con mis santos y mis muertos y me vienen a interrumpir. ¡Caramba!
Levanta la cara y ambos brazos. Luego los baja. Se queda mirando a Patricia como esperando una explicación.
PATRICIA (Sigue apenada y a la vez fastidiada) Mire, yo soy su nueva vecina. Mi familia y yo nos mudamos a la casa de al lado.
CARMEN ADELA (Calmada como por arte de magia) ¿Al lado? ¿La de los Jaramillo?
PATRICIA No, ésa es la que está a la derecha, yo me refiero a la de la izquierda.
CARMEN ADELA ¡Ah!
PATRICIA Creo que los anteriores dueños eran los Pérez.
CARMEN ADELA ¿Los Pérez? ¡Pero si los Pérez viven en la otra calle!
PATRICIA Perdóneme que no lo sepa con seguridad, es que a decir verdad los del negocio fueron mis padres.
CARMEN ADELA Pierde cuidado , hija.
PATRICIA Al fin y al cabo yo sólo hago lo que ellos dicen.
CARMEN ADELA Así debe ser.
PATRICIA O sea que no me dan mucha información sobre las transacciones inmobiliarias de la familia y yo tampoco me intereso mucho.
CARMEN ADELA Eso pasa siempre. Además a tu edad hay cosas más interesantes en las que ocuparse.
PATRICIA Además este año ya nos hemos mudado dos veces. ¿Sabe?
CARMEN ADELA ¡¿Dos veces este año?! Pues fíjese que yo hija, tengo ya cincuenta años viviendo entre estas mismas paredes.
PATRICIA ¡Cincuenta años!
CARMEN ADELA Ya estas paredes forman parte de mí o yo de ellas.
PATRICIA Eso se entiende.
CARMEN ADELA Hace un tiempo quise mudarme, para cambiar de aires, pero Pedro nunca le ha gustado mudarse.
PATRICIA (Aparte, simulando que piensa: supongo que Pedro es su esposo.) Bueno, es muy difícil que dos personas estén siempre de acuerdo en todo.
CARMEN ADELA Una vez que llegamos aquí, nos quedamos.
PATRICIA Esta casa es muy bonita.
CARMEN ADELA Está a tu orden, hija.
PATRICIA Gracias, abuelita.
CARMEN ADELA: De aquí nos iremos cuando nos saquen a uno de los dos tiesos... o a los dos...
PATRICIA No hable así.
CARMEN ADELA (Hace caso omiso)Yo preferiría que fuera a los dos.
PATRICIA. ¿Por qué?
CARMEN ADELA Así yo no sufriría por su muerte ni él por la mía, ni tampoco nos iríamos con la preocupación de quién cuidaría del que quedara.
PATRICIA La entiendo.
CARMEN ADELA Tú sabes, hija, que esa es la preocupación de los viejos.
PATRICIA Bueno, todos tenemos preocupaciones: jóvenes, adultos, ancianos.
CARMEN ADELA Cuando se llega a esta etapa de la vida, ¿en qué más uno puede preocuparse? ¡Ah! Pero estamos hablando mucho para el tiempo que nos conocemos. Termina de pasar y dime qué deseas.
Caminan hacia el centro del escenario
PATRICIA. Siento mucho estar molestándola.
CARMEN ADELA No, hija, si no me estás causando ninguna molestia.
PATRICIA Yo pensé que sí.
CARMEN ADELA Ustedes los jóvenes siempre están creyendo.
PATRICIA Me parece tan raro que usted me haya dejado pasar a su casa sin conocerme.¿Sabe?
CARMEN ADELA Así somos las personas de antes: pertenecemos al pasado, al ayer.
PATRICIA Pero usted no pertenece al ayer porque es hoy cuando estamos hablando.
CARMEN ADELA Realmente no hablas conmigo, sino con mi sombra, porque la verdadera yo no está aquí. Estuvo aquí.
PATRICIA Bueno a mí no me gustan los enigmas, prefiero la claridad.
CARMEN ADELA ¿En qué puedo ayudarte?
PATRICIA Mire abuelita, yo venía porque necesito urgentemente que me preste el teléfono. Mis padres no se encuentran en casa y perdí la llave. Es decir, que se me imposibilita entrar en ella.
CARMEN ADELA ¡Qué sofocón!
PATRICIA La molesto porque ya es muy tarde.
CARMRN ADELA ¡Tardísimo!
PATRICIA Siento mucho temor.
CARMEN ADELA Cálmate, hija.
PATRICIA Estoy a punto de desesperarme. Todas las demás casas tienen las luces apagadas, sólo vi iluminada su casa.
CARMEN ADELA Suelo ir a dormir después de rezarle a todos mis santos y mis muertos. Por eso se me hace tan tarde. Además estoy esperando al marido mío.
PATRICIA ¡Menos mal que no la desperté! ¿Me podría ayudar?
CARMEN ADELA Me encantaría muchísimo ayudarte. Ah claro a ti o a cualquiera. Nunca encuentro molestia en brindarle ayuda a los demás.
PATRICIA Eso es bueno.
CARMEN ADELA Me gusta cooperar con la gente, aconsejarla, orientarla, bendecirla.
PATRICIA ¿Bendecirla?
CARMEN ADELA Sí. Y eso es lo que más hacemos los viejos, bendecir. Pero ahora a los jóvenes no les interesan las bendiciones.
PATRICIA Ése no es mi caso.
CARMEN ADELA Fíjate tú que a veces hasta se burlan. Por ejemplo: ya se perdió la costumbre de besar la mano.
PATRICIA ¿Besar la mano?
Mira sus manos
CARMEN ADELA Bueno, no lo tomes al pie de la letra.
PATRICIA ¿No?
CARMEN ADELA No. Besar la mano significa pedir la bendición. Antes, los de antes, pedíamos la bendición en señal de respeto. Ahora ya eso no existe. El respeto se perdió hace tiempo.
PATRICIA Yo respeto mucho a las personas mayores.
CARMEN ADELA Eso es raro verlo ahora. Porque hoy en día abunda la indiferencia. ¿Hija no te gustaría tomarte una tacita de manzanilla? Eso hará que duermas como un lirón.
PATRICIA En realidad ni sé si voy a dormir hoy...
CARMEN ADELA Lo digo porque es la hora de mi manzanilla. Tengo suficiente, puedo invitarte.
PATRICIA Gracias, abuelita.
CARMEN ADELA De nada, hija. Me preocupa que Pedro no haya llegado.
PATRICIA Supongo que Pedro es su esposo.
CARMEN ADELA Supones bien.¿Qué hora será?
PATRICIA Deben ser cerca de las once.
CARMEN ADELA Siempre es lo mismo. Hoy es viernes. Para él, el viernes es sábado chiquito.
PATRICIA Para muchos en este país eso es así.
CARMEN ADELA Seguro que se encontró con uno de sus amigotes.
PATRICIA ¿Usted cree?
CARMEN ADELA Ya lo creo. Y Pedro todavía no termina de entender que amigo es el ratón del queso.
PATRICIA (Se ríe) Así dicen.
CARMEN ADELA Seguro que se marea de tanto tomar cerveza y no va a encontrar un alma caritativa que lo traiga a su casa.
PATRICIA Bueno, siempre hay un alma caritativa.
CARMEN ADELA Es un poco difícil en estos tiempos. Voy a esperar hasta las doce. Si a esa hora no ha llegado me voy a El Paraíso.
PATRICIA: ¿A El Paraíso?
CARMEN ADELA Sí y seguro que lo encontraré completamente ebrio. ¡Lo voy a traer a empujones!
PATRICIA ¿No le parece que no es buena idea salir a esta hora?
CARMEN ADELA No hay otra opción.
PATRICIA Una persona de su edad no debe estar en esos trotes. ¿Sabe?
CARMEN ADELA Si es necesario salgo pa´lante.
PATRICIA Tampoco su esposo debería hacer lo que hace.
CARMEN ADELA Ya estoy cansada de decírselo.
PATRICIA Creo que cuando llegue a la edad de ustedes voy a querer estar en el hogar y no correteando por ahí.¿Sabe?
CARMEN ADELA ¿Qué hago yo? Ese hombre no se ha dado cuenta de la edad que tiene.
PATRICIA A lo mejor sí, pero le gusta la parranda.
CARMEN ADELA Tampoco me tiene consideración. No debería darme tantas preocupaciones.
PATRICIA (Tratando de cambiar el tema) No me ha respondido el pedido ¿Me presta el teléfono?
CARMEN ADELA Con todo el gusto del mundo pero hay un pequeño problema.
PATRICIA No se preocupe, no llamaré a ningún celular. Mis padres no cargan celular.
CARMEN ADELA Para mí eso no representa problema. Puedes llamar a donde gustes. Es otro el problema.
PATRICIA ¿Cuál?
CARMEN ADELA El teléfono hace años que no tiene corriente. Lo conservo ahí sólo de adorno.
PATRICIA ¿Cómo? ¿Entonces no tiene teléfono?
CARMEN ADELA Claro que tengo, ¿no lo estás viendo?
PATRICIA Tener un teléfono sin corriente y no tener ninguno es lo mismo.
CARMEN ADELA Bueno, la verdad es que muy poco necesito llamar por teléfono, y cuando lo requiero voy al de la esquina.
PATRICIA ¡Ah claro el de la esquina! ¿Cómo no lo había pensado? Gracias abuelita, hasta luego. ¡Todo fino! ¡Pero..!
Camina hacia la puerta. Carmen Adela se va detrás.
CARMEN ADELA No me parece adecuado que vayas a esta hora de la noche hasta la esquina. ¿Por qué no te calmas? Siéntate y tómate la manzanilla conmigo.
Patricia se voltea hacia Carmen Adela
PATRICIA Tiene razón. Esa no es mala idea. En cambio sí que es una terrible idea el que yo me pare a plena noche en la esquina. ¿Sabe?
CARMEN ADELA (Le muestra una de las sillas en señal de invitación a sentarse) ¿Regresarán sus padres esta noche?
PATRICIA (Sentándose) No creo. Fueron a Guarenas a casa de una tía mía. Cuando van para allá regresan al día siguiente. Además ellos no imaginaron que yo perdería la llave. ¿Sabe?
CARMEN ADELA (Se sienta en la mecedora). ¡Guarenas! Recuerdo los tiempos cuando Pedro trabajaba en Guarenas.
PATRICIA Imagino que de eso hace bastante tiempo.
CARMEN ADELA ¡Muchos años! Pedro trabajaba como maestro de obra en una construcción. Yo me iba a mitad de mañana a llevarle el almuerzo. Almorzábamos juntos en algún rincón libre de la construcción y después me iba al centro a pasear, a ver tiendas, o a hacer cualquier cosa mientras se hacían las cinco y regresábamos juntos a casa.
PATRICIA O sea que tenía que dar vueltas para matar el tiempo.
CARMEN ADELA Era duro. Para que estuviera el almuerzo a tiempo tenía que comenzar a prepararlo desde temprano.
PATRICIA De madrugada, me imagino.
CARMEN ADELA Sí. Pero disfrutaba muchísimo esos momentos. Si no hubiese sido así hubiéramos pasado más tiempo alejados, porque él se iba antes de las cinco de la mañana para estar a tiempo y como salía a las cinco llegaba a casa a las diez de la noche. Mientras que como lo hacíamos, departíamos en el almuerzo y durante el regreso. ¡Qué tiempos aquéllos!
Suspira
PATRICIA Todo tiempo pasado fue mejor, dicen.
CARMEN ADELA Tal vez no lo sea, pero recordamos los buenos momentos.
PATRICIA A mí no se me olvidan los buenos momentos. Recuerdo bromas de cuando tenía cinco años.
CARMEN ADELA A veces tratamos de olvidar los malos ratos.
PATRICIA Los malos momentos, mejor se olvidan. Pero pensándolo mejor: Es bueno no olvidarlos para no cometer los mismos errores.
CARMEN ADELA Aunque lo tratemos, no siempre logramos olvidar. Aun cuando no he olvidado los malos momentos, muchas veces no me afectan pero en otras ocasiones ciertas cosas del pasado me hacen temblar.
PATRICIA ¿Cómo cuáles?
CARMEN ADELA Las muertes. Tengo noventa años. En estos noventa años han sido muchas las muertes que he presenciado: la de mi padre, la de mi madre, la de mis hermanos, la de mi hija... han sido todas dolorosas, han sido tantas las muertes, tantas las lágrimas, pero uno nunca se acostumbra.
PATRICIA La muerte tiene mucho de misterio. A mí particularmente me han surgido muchas preguntas pero no he encontrado las respuestas. ¿Qué es la muerte? Me he preguntado muchas veces.
CARMEN ADELA ¿Qué edad tienes?
PATRICIA 17 años.
CARMEN ADELA Entonces no deben ser muchas las veces que te has preguntado sobre la muerte.
PATRICIA Pese a mi corta edad, también la he presenciado: las de mis abuelos, una tía y una amiguita.
CARMEN ADELA ¿Una amiguita?
PATRICIA Sí, era mi compañera de estudios y de juegos.
CARMEN ADELA ¿No tienes hermanos?
PATRICIA No. Pero ella era como mi hermana. Hablábamos mucho: sobre lo que queríamos ser, sobre lo que nos gustaba, sobre los muchachos. Un día noté que empezó a adelgazar y a debilitarse.
CARMEN ADELA Seguro que tenía cáncer.
PATRICIA Faltaba mucho a clase, ya no jugaba. Ni siquiera hablaba, me imagino que la llevaban a hacerse radioterapia y estuvo hospitalizada quizás para recibir quimioterapia. Supongo que después los médicos dijeron que ya no se podía hacer nada. Escuché que adelgazó mucho, se transformó en un esqueleto con todavía un poquito de vida. La debilidad ya no le permitió ni comer. Un día me llevaron a verla y me dolió mucho observar como iba apagándose poquito a poquito. Una mañana me avisaron que había muerto. Todo el mundo decía que la muerte para ella era un alivio, que descansaría. El día de su velatorio, secretamente, junto a su urna le pedí que en sueños me dijera qué era morirse. Pero no lo hizo. Quizás no podía.
CARMEN ADELA O acaso te faltó fe.
PATRICIA O tal vez el que muere no puede hacer nada. Quizás no existe el espíritu. A lo mejor cuando alguien muere, deja de existir y punto.
CARMEN ADELA No creo que cuando alguien muere, muere y ya. Creo que pasa a otra dimensión, una dimensión que está en otro mundo, a la que no tenemos acceso los vivos. Pero nuestros muertos están en ese lugar observándonos e interviniendo sin que nos demos cuenta en nuestras vidas. Bueno, a veces nos damos cuenta. A mí me acompañan todos mis muertos, me cuidan, me protegen.
PATRICIA Me asusta.
CARMEN ADELA (Como diciendo un secreto) A los que debemos temer es a los vivos. Hay seres humanos malvados que hacen daño, que son capaces de matar por dinero.
PATRICIA Eso es verdad. Lo vemos todo los días en los diarios.
CARMEN ADELA A esos debemos temer, pero nunca a los espíritus. Ellos no hacen daño. Las ánimas protegen, ayudan. ¿Por qué crees que no me da miedo abrir la puerta a esta hora de la noche? ¿Por qué crees que abrí la puerta sin temor?
PATRICIA ¡Ah! Fue por eso.
CARMEN ADELA Yo no le temo a nada si sé que estoy siendo acompañada y protegida por mis muertos.
PATRICIA Es que su fe la ayuda.
Se ve una sombra que pasa hacia la cocina. Se escucha el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse.
PATRICIA Juraba que usted estaba sola.
CARMEN ADELA Nunca estoy sola.
PATRICIA Me parece muy bien. A su edad no es conveniente estar solo.
¿Quién era ?
CARMEN ADELA ¿Quién era quién?
PATRICIA El que pasó por ahí.
CARMEN ADELA (Con normalidad) ¡Sería José Gregorio!
PATRICIA ¿José Gregorio?
CARMEN ADELA El santo...el mismo que viste y...
PATRICIA: (Interrumpiéndola y poniéndose de pie) ¿Abuelita, qué dice?
CARMEN ADELA: (Ignorando la pregunta) O sería entonces Esteban o quién
sabe si fue Rafael. Mis ánimas andan por toda la casa.
PATRICIA ¿Esteban? ¿Rafael? ¿Quiénes son esos?
CARMEN ADELA Ellos...
PATRICIA (La interrumpe) ¡Mejor no me diga! Lo que yo vi o creí ver fue una simple sombra que se proyectó desde la calle. (Comienza a ver los cuadros de la pared uno a uno y muestra nerviosismo). El asunto empieza a incomodarme. ¿Por qué no cambiamos de tema?
CARMEN ADELA Propon algo.
PATRICIA ¿A qué hora suele llegar su esposo?
CARMEN ADELA ¿Qué hora es? (No espera respuesta) Deben ser cerca de las doce. No debe tardar, si no es que se le ocurre llegar más tarde. Es la hora de mi manzanilla. Te invito.
Carmen Adela se levanta y se dirige hacia una de las puertas. Patricia que ya estaba de pie, camina hacia la entrada y observa, como cuando se espera a alguien, mira hacia la cocina y como ve que no viene la señora, se acerca al teléfono para percatarse de que no tiene corriente.
ESCENA II
Entra de nuevo Carmen Adela.
CARMEN ADELA Ya veo que no me creíste. ¿Quieres la manzanilla con limón?
PATRICIA (Hace caso omiso a la observación y responde la pregunta). Sí por favor con bastante limón.
Carmen Adela vuelve a desaparecer. Patricia observa todo. Al cabo de unos instantes, Carmen Adela regresa con las dos tazas. Las acomoda sobre la lámpara-mesa. La anciana se sienta en la mecedora. Patricia se acerca. Observa las tazas.
PATRICIA Gracias. Hubiera preferido que no se molestara.
CARMEN ADELA Ya te dije que es la hora de mi manzanilla, lo menos que podía hacer era invitarte.
PATRICIA La verdad es que usted es muy sincera.
Cada una toma una taza
CARMEN ADELA Ya tiene azúcar.
PATRICIA Creo que me caerá muy bien esta manzanilla
Patricia se queda contemplando la taza y la bebida como quien observa una flor.
CARMEN ADELA Anda apura la bebida. Tiene la temperatura adecuada. Si esperas más se enfriará. (Sorbe un poco de la bebida y vuelve la cabeza hacia el retrato del doctor José Gregorio Hernández. Lo observa un rato). El doctor tiene los ojos vivitos. ¿Será que algo le pasó a Pedro? No permitas José Gregorio que nada malo le pase... Hacía tiempo que no demoraba tanto en llegar.
PATRICIA (Se sienta en uno de los muebles de paleta. Comienza a beber). Bien no tenemos más opción: usted espera a su esposo y yo a mis padres. Sólo que mis padres llegarán mañana.
CARMEN ADELA No te preocupes, puedes quedarte a pasar la noche aquí. Tengo una habitación disponible.
PATRICIA Gracias, abuelita.
CARMEN ADELA Es aquella. (señala a su izquierda) La que está en el medio es la que da a la cocina, la de la derecha es la mía. La habitación que te ofrezco es muy importante para mí. Y créeme, no se la he ofrecido a nadie en los últimos treinta años.
PATRICIA Entonces el agradecimiento es doble.
CARMEN ADELA Hace tiempo que no la abro, exactamente ese número de años: treinta. Imagino que todo debe estar intacto. La cama, la mesita de noche, la lámpara azul. ¡No! ¿Qué digo? ¿Cómo van a estar intactas las cosas después de treinta años? Todo debe estar polvoriento, oliendo a moho, rodeado de telarañas. El dolor, las lágrimas también deben estar presentes y ésos sí deben ser los mismos. Con el tiempo lo único que no varía es el dolor, el dolor viejo y el dolor nuevo son los mismos. Nos carcomen el alma, nos fracturan el corazón, nos entristecen la vida y los recuerdos. Con el tiempo todo cambia menos eso. Mírame a mí, frente a ti estás viendo a una anciana de noventa años. Para ti debe ser difícil pensar que algún día tendrás mi edad actual.
PATRICIA Veo ese momento tan lejano.
CARMEN ADELA Más difícil para ti debe ser imaginar que hace mucho tiempo yo también tuve diecisiete años.
PATRICIA Bueno, todos los ancianos fueron una vez jóvenes y todos los jóvenes seremos viejos.
CARMEN ADELA Mi piel era suave y lozana, mis ojos brillaban, mi cuerpo era esbelto y fuerte y mi salud inquebrantable... y mi voluntad grande, inmensa. Para mí el futuro era algo así como un tiempo lejano lleno de maravillosas sorpresas. Cuando yo tenía diecisiete años quería tragarme el mundo, traspasar la tierra, llegar al cielo, lograr lo imposible. Mi madre a veces tenía que detenerme.
La escena se oscurece.
ESCENA III
Al cabo de unos segundos se vuelve a iluminar la escena y aparece Carmen Adela en el medio del escenario. Tiene otra actitud, no parece tener noventa años sino treinta y siete. Es realmente mamaíta, su madre. Habla hacia el público.
MAMAITA Hija, piensa más en lo que vas a decir. Cálmate, deja que los mayores hablen. Escúchalos, ellos tienen más experiencia que tú, además no te dicen las cosas para regañarte, sino para enseñarte. Todo tiene su momento, debes dejar que llegue cada momento. No provoques las cosas, espera y mientras esperas ven a sentarte junto a mí, que quiero que aprendas este punto de tejido, es bueno que aprendas, recuerda que quien aprende, nunca pasará trabajo. Ven hija, deja la carrera y ven a observar lo que te quiero enseñar.
Se vuelve a oscurecer la escena.
ESCENA IV
Al iluminarse la escena reaparecen Carmen Adela de noventa años y Patricia.
CARMEN ADELA Así hablaba mi mamá. Todavía la recuerdo claramente a pesar de los años. (Hace un gesto de fastidio). Los viejos hablamos mucho. Seguro que te cansa mi conversación. ¿No quieres recostarte?
PATRICIA No se preocupe.
CARMEN ADELA Sí me preocupo.¿Me ayudas a arreglar y limpiar el cuarto donde dormirás?
PATRICIA Luego, todavía no tengo sueño. Además puedo dormir en la sala. ¿Para que se va a molestar en arreglar ese cuarto?
CARMEN ADELA En el cuarto te sentirás más cómoda.
PATRICIA Olvide el cuarto y mejor cuénteme de usted. Me gusta escuchar. ¿Y sus hijos?
CARMEN ADELA Tuve dos hijas, Nery y Ligia del Carmen.
PATRICIA ¿Dónde están?
CARMEN ADELA Nery murió. Ligia del Carmen vive en el extranjero con su marido y su hija. Nery no tuvo tiempo de conocer mucho la vida, se fue a los tres años.
PATRICIA ¿De qué murió?
CARMEN ADELA Fue la desnutrición lo que la mató. Pedro y yo estábamos internados en una montaña minera de El Callao. Pedro trabajaba la minería en ese entonces. Fueron meses de sacrificios. Buscábamos la fortuna. La comida escaseaba. Estábamos lejos de la civilización. La mala alimentación y las plagas mataron a mi hija.
PATRICIA Lo siento.
CARMEN ADELA Tal vez murió porque no era de este mundo. Dios la quería para sí. Recuerdo que todos los mineros y sus mujeres adoraban a la niña. A veces la iban a buscar para estar con ella. Me decían: Carmen préstame a Nery. Algunos mineros se la montaban al hombro esperando que se les orinara encima. Decían que eso les daría suerte. Cuando la niña murió tuve que enfrentarme a Pedro. Lo insté a que dejáramos ese lugar.
Se oscurece la escena.
ESCENA V
Luz de nuevo. Aparece Carmen Adela pero con una actitud de joven y muestra mucho aplomo.
CARMEN ADELA Mira Pedro, ya no quiero fortuna, al menos este tipo de fortuna, la que cuesta la vida de una hija. Nos vamos o nos vamos, y sí no te quieres ir entonces nos separamos. Total, ahora ya no tengo a mi hija que era la que me acompañaba en los largos períodos de soledad mientras buscabas los diamantes y el oro. ¿Acaso no te diste cuenta de que el diamante más precioso fue el que tuvimos y dejamos ir? Ahora no quiero esa maldita fortuna de oro y diamantes. Lo único que quiero es a mi hija pero sé que ya no la tendré más. Odio este lugar, lo odio y lo quiero odiar porque ha sido la única manera que encontré para no odiarte a ti, vámonos y nos llevamos los restos de Nery. No quiero pisar por más tiempo esta tierra, este suelo!
Solloza .La escena se oscurece.
ESCENA VI
La escena se vuelve a iluminar y reaparecen Carmen Adela y Patricia.
PATRICIA Usted tiene un carácter fuerte.
CARMEN ADELA Antes. Ya no. Ahora el todo son los recuerdos y esta noche ellos vienen a mí con la fuerza del mar. Siento uno a uno todos los recuerdos de mi vida.
PATRICIA Creo que a todas las personas de su edad las persiguen los recuerdos.
CARMEN ADELA Cierto es. Pero hoy más que nunca me acosan.
PATRICIA ¡Ah, ya sé! Es por mí, la estimulo. Soy muy preguntona.
CARMEN ADELA La verdad hija, es que me gusta hablar y tengo tantas cosas que contar. Lo que pasa es que la gente no tiene tiempo de sentarse a oír a los viejos. Siempre hay cosas que hacer, y los viejos roban tiempo con sus largas e interminables historias.
PATRICIA Pero no estoy ocupada. Tengo toda la noche para oírla.
CARMEN ADELA Me caes muy bien muchachita y además me recuerdas a mi nieta. Tienes el mismo tipo de ella y era igual a ti cuando tenía tu edad. Debe tener cuarenta y cuatro años. Ya tengo cuatro años sin verla.
PATRICIA ¿No la visita?
CARMEN ADELA Cuando estaba aquí la veía todos los días, vivían por aquí cerca. Pero a la mamá se le ocurrió convencerla de que tenían que irse del país. Pensó que les iría mejor.
PATRICIA ¿Y cómo les ha ido?
CARMEN ADELA A mi hija no le ha ido bien. Se enfermó.
PATRICIA ¿Sí? ¿Qué tiene?
CARMEN ADELA ¿Sabes? El cáncer que lo destruye todo. Ni los mejores hospitales ni los mejores médicos han podido mejorarla. Me han ocultado muchas cosas, pero yo me las he arreglado para descubrir que a mi hija de sesenta y ocho años actualmente, la enfermedad la hace parecer casi de mi edad. En cualquier momento familiares lejanos y amigos que casi nunca veo me traerán la mala noticia. Realmente, me la esconderán pero la sabré leer en los ojos, en los gestos, en las palabras disfrazadas. He aprendido a traducir la mentira. Cuando me dicen que ha mejorado sé bien que en realidad empeora. A mi nieta, pese a todo lo malo, le ha ido bien. Se doctoró por allá, y enseña en una universidad.
PATRICIA ¿Qué enseña?
CARMEN ADELA Literatura.
PATRICIA ¿Sí? Yo estudio Letras.
CARMEN ADELA Tienes mucho en común con mi nieta. ¿Sabes, hija? Me duele mucho que se hayan ido, que hayan menospreciado tanto a su tierra, a la tierra que las vio nacer, que las alimentó y que les dio tanto. Mi nieta se acostumbró a aquello, a la limpieza, a la belleza y al idioma extranjero.
PATRICIA Ahora es tan común que la gente se vaya. ¡Ya como que nuestro país les queda pequeño! Por mi parte no abandonaré mi tierra. Es que creo que no podría vivir en ninguna otra.
CARMEN ADELA Ojalá así sea, hija. Aunque tampoco debes negarte a la posibilidad de viajar, conocer, y aprender.
PATRICIA ¡Ah, no claro!
CARMEN ADELA ¡Se debe traer todo lo bueno para acá! ¡Cuidado con traerse cosas malas de otras partes! ¡Es que por esos lares también existe el mal!
PATRICIA Hay gente que piensa que aquí todo es malo.
CARMEN ADELA Están pelados o ciegos.
PATRICIA Realmente me gustaría salir pero siempre volvería. Es igualito como cuando sales de tu casa: vas a una fiesta, a un parque, te diviertes pero siempre al final necesitas llegar a tu hogar.
CARMEN ADELA Pero hay gente que se desarraiga. Fíjate que lo máximo que piensa mi nieta hacer es volver algún día de vacaciones. Si algún día vuelve, sé que no la veré.
PATRICIA No diga eso.
CARMEN ADELA No me engaño. Para entonces ya me habré ido. Estaré seis metros bajo tierra. En verdad sé que mi nieta ya casi ni se acuerda de mí. Es que a los viejos nos tratan de olvidar, estamos tan apegados a lo triste, a la nostalgia.
PATRICIA ¡Me gustaría tanto tener una abuelita!
CARMEN ADELA Pero la familia mía siempre se aleja de todo lo que la entristece. O tal vez, creen que la vejez es una enfermedad incurable, y no pueden hacer nada. Prefieren estar bien lejos, por aquello de que ojos que no ven corazón que no siente.
PATRICIA No hable así.
CARMEN ADELA Tienes razón no debo hablar así. Soy muy pesimista. Debería más bien ser optimista. Tengo a alguien que me quiere escuchar. Una joven tan bonita y dulce. ¿Te gusta ver fotos?
PATRICIA Sí, mucho.
CARMEN ADELA Creo que no, que no te gusta. ¿Sabes por qué? Porque te mostraré fotos de gente que no conoces. Cosa fastidiosa es ver fotos de gente que uno no conoce.
PATRICIA Pero para mí sí tendrán sentido. ¿Sabe por qué? Porque usted me irá contando todas las historias de cada una de las personas fotografiadas.
CARMEN ADELA ¡Si es que me acuerdo!
PATRICIA Ojalá recuerde muchas cosas porque le diré algo: a mí me interesa todo lo que usted podría decirme. Sé que me servirá muchísimo. Quiero escribir una novela. Quiero ser una escritora, quiero que aquí y en todas partes me conozcan como una gran escritora. Quiero escribir. Escribir, es una fuerza que nace dentro de mí. Pero con tan sólo diecisiete años he tenido tan pocas experiencias.
CARMEN ADELA Ya las experiencias irán llegando poco a poco. Eso ocurrirá todos los días de tu vida.
PATRICIA Y lo que está ocurriendo hoy es parte de esa experiencia. Todo lo que me cuente lo guardaré en mi memoria y más adelante lo utilizaré para escribir mi novela. Quiero ser una Teresa de la Parra. Adoro a esa escritora y quiero llegar a ser como ella.
CARMEN ADELA Ojalá que llegues a escribir tan bien como ella. Pero no que seas como ella. Murió tan joven, apenas a los cuarenta y siete años, cuando tenía tanto que dar. Eso me lo dijo mi nieta cuando estaba aquí y estudiaba literatura en la universidad. Sabes que se repite mucho en el mundo del arte y las letras, la historia del artista que muere joven pero en el breve tiempo de vida deja una obra maravillosa. Es tal vez una especie de premonición. Intuyen que morirán pronto y no pierden el tiempo, aprovechan cada momento para ir construyendo su legado a la Humanidad. Eso que te digo forma parte de un trabajo que hizo mi nieta. Ella me contaba todo y a mí se me quedó grabado.
PATRICIA Me doy cuenta que tiene mucho que enseñarme.
CARMEN ADELA Siempre me gustó enseñar. Nunca desaproveché los momentos para hacerlo. Toda mi vida he leído mucho sobre todo literatura e historia. Y cuando mi nieta comenzó a estudiar lo absorbí todo. Hasta he escrito
algo. Comencé hace cincuenta años un diario. Tengo cincuenta cuadernos escritos. Un cuaderno por año. Un día soñé con publicarlo pero otro día dejé de soñar.
PATRICIA Nunca se debe dejar de soñar.
CARMEN ADELA Pero a veces en la vida ni eso se puede hacer. Tal vez fue por eso que intenté destruirlo. Me dije: ¿para qué soñar?
PATRICIA ¡Menos mal que sólo lo intentó pero no lo destruyó!
CARMEN ADELA Pero son páginas muertas.
PATRICIA ¿Por qué dice eso?
CARMEN ADELA Porque se escribe para que alguien te lea, para que alguien vibre con lo que tú escribes. Si no logras que alguien se interese o que eso llegue a alguien, entonces debería desaparecer.
PATRICIA A lo mejor nadie se interesó porque nadie sabía que guardaba ese manuscrito.
CARMEN ADELA Eso sí es verdad, siempre mantuve mis cuadernos escondidos. Como te decía quise destruirlo, pero no me atreví a hacerlo. Son muchos días de alegría, amor, tristeza, decepción, todo está contenido ahí en esas páginas. Destruirlo significa matar la vida y yo siempre he amado la vida.
PATRICIA ¿Sabe? Yo también escribo un diario. Pero casi no me pasa nada.
CARMEN ADELA (Habla como si diera un discurso a un auditorio) Pero todo lo que te pase ahora pasará a ser significativo porque formará parte de las etapas de tu vida. Los diarios nos pueden enseñar mucho acerca de lo cotidiano de otras épocas, eso tiene su valor. ¿O es que acaso sólo tienen valor las grandes gestas y batallas? Las pequeñas guerras de todos los días también importan. La vida privada vale mucho, fíjate que hay historiadores que se detienen mucho en la vida privada para interpretar las épocas. Por eso los diarios tienen importancia, dicen muchas privacidades.(Se ríe)¡Así hablaba mi nieta! ¿No estás cansada?
PATRICIA Un poco. Pero no se preocupe.
CARMEN ADELA Sí me preocupo. Vamos a arreglar el cuarto. ¿Lo ves? Es ése. (Señala hacia el cuarto) ¿Me ayudas?
PATRICIA Claro. ¿Era el cuarto de su hija?
CARMEN ADELA No. El de mi hermano Esteban. Ya no lo usa. Desde hace treinta años nadie lo usa.
PATRICIA ¿Sí?
CARMEN ADELA Sí, desde que murió.
PATRICIA ¿Fue una muerte natural?
CARMEN ADELA Murió de cáncer. ¡Es la enfermedad familiar! Figúrate que no fumaba ni bebía y murió de cáncer de hígado. Fue terrible. Sólo sufrió dos días. Pedro lo llevó al hospital dos semanas antes porque se le hinchaban mucho las piernas. Lo hospitalizaron. Los médicos explicaron que ya no había nada que hacer. Lo dejaron tres días en el hospital y le dieron de alta para que muriera en la paz de su hogar. Los dos últimos días sintió mucho dolor. Recuerdo como se quejaba. Además vomitaba. Aquel olor era muy desagradable, muy fuerte. Era triste ver a un hombre que había sido tan pulcro, que llegó a bañarse hasta tres veces al día, con aquel olor que no lo abandonaba, porque lo limpiábamos y volvía a vomitar. Era horrible. Doloroso. En esos momentos, ante un sufrimiento así, la muerte es el verdadero descanso. La muerte se hace necesaria.
PATRICIA Siempre hay polémicas con respecto a eso. Usted sabe, lo de la eutanasia.
CARMEN ADELA No fue necesario ayudarlo a morir. Murió pronto.Ya muerto se reflejaba la paz en su rostro. Además, fue un hombre tan bueno. Nunca le hizo daño a nadie. Lo velamos en esta misma sala. (Se oyen rezos). Después cerré el cuarto y más nunca lo quise abrir. Muchas veces necesité alquilarlo pero preferí no hacerlo. Quise dejar todo intacto. Todo igual a como había quedado. Se oyen ruidos, pasos, hasta voces que de ahí salen. (Se oyen pasos, ruidos voces que llaman a Carmen Adela). ¿Escuchas?
PATRICIA No escucho nada y es más: prefiero dormir aquí.
CARMEN ADELA Esos son los ruidos normales que provienen de ahí. Es el alma de mi hermano. Murió siendo tan joven todavía. Sé que no quería morir tan prematuramente. Dejó tantas cosas sin concluir. Tantos planes sin realizar. Tantos sueños sin cristalizar. A veces sueño con él y veo su rostro triste y oigo su voz que me pregunta por Flor. Me dice: ¿Dónde está Flor?
PATRICIA ¿Quién era Flor?
CARMEN ADELA Su novia. Ya tenían todo comprado. Hasta fecha tenían. Se casarían en diciembre y él se enfermó como a finales de junio. Y murió como a principio de julio. La memoria me falla. No puedo recordar con precisión. Flor después se volvió como loca. No quería resignarse. Un día salió a la calle con el traje de novia puesto. Ella vivía en Petare y hasta aquí vino vestida así. Venía a buscarlo a él. Decía que él no quería casarse y que era mentira que había muerto y que yo ocultaba la verdad, que lo escondía en mi casa. De aquí se la llevaron a un lugar de reposo. O mejor dicho, a un manicomio. Después mejoró. El traje lo dejó aquí. Yo lo guardé en el cuarto de Esteban. ¿Quieres verlo?
PATRICIA No se moleste.
CARMEN ADELA No será molestia.
Busca en el secreter unas llaves. Luego se dirige al cuarto de Esteban y lo abre. Entra al cuarto.
ESCENA VII
Regresa con el traje. Se lo comienza a colocar encima.
PATRICIA Es muy hermoso.
CARMEN ADELA A mí también siempre me pareció bello. Lo quiero usar. Sabes que nunca antes me había puesto un vestido de novia. Pedro y yo nos casamos en una jefatura. Y sin embargo nuestro matrimonio lleva... ¿Mi Dios cuántos años? ¿cincuenta? No. Creo que más, ¿sesenta?, ¿sesenta y ocho? No recuerdo exactamente. (Se termina de vestir) ¿Cómo me queda?
Se oye la marcha nupcial. Se escucha también la voz en off de un sacerdote.
VOZ ¿Carmen Adela, aceptas como esposo a Pedro?
Carmen Adela muestra un rostro extasiado y responde atropelladamente como una niña.
CARMEN ADELA Claro que acepto. Acepto todo de nuevo. El mismo dolor, la misma alegría, las mismas hijas, las mismas soledades, los mismos días de compañía. Si pudiera elegir elegiría todo exactamente igual. (Patricia observa con cara de no entender mucho. Carmen se incorpora y retoma el tema anterior). Éste era su vestido, míralo ya está amarillo, antes era blanquísimo. Tan blanco como la espuma del mar. Ahora es amarillo como las flores de muerto. (Lo olfatea). Hasta huele a muerte. Cuando soñé con Esteban y me preguntó por Flor tenía una expresión tan triste. Creo que fue porque desde el más allá se enteró de que Flor se había casado. El dolor no le duró toda la vida. Menos mal. Hasta tuvo una hija con otro hombre. Me enteré años después porque mi hija la encontró cerca de la Plaza Bolívar. Iba con la joven. La muchacha se había graduado de médico. Bueno, voy a dejar el pasado, vamos a arreglar el cuarto. (Comienza a sacarse el vestido y se queda en bata).
PATRICIA Prefiero dormir aquí. Déjeme dormir en esta mecedora.
CARMEN ADELA Haces bien. No podrías dormir. Las almas en pena no permiten el descanso, sobre todo en noches como éstas con luna llena. No te invito a dormir a mi lado porque sé que Pedro llegará en cualquier momento. Tampoco allí te dejarían dormir. Descanso porque estoy habituada a ellas. Pedro cae como todo buen lirón y no se da cuenta. Pero escucho sus oraciones, sus murmullos, sus llamadas.
PATRICIA ¿Llamadas?
CARMEN ADELA Sí. Las llamadas. Me llaman. Es normal con las personas de mi edad. Nos llaman del más allá porque ya estamos en la hora de irnos. En verdad somos más de allá que de aquí. (Se ríe) Yo oigo las voces de mamá, de Esteban, y de Rafael, mi otro hermano muerto. Estoy habituada a todo eso.
PATRICIA Abuelita, usted ha repetido eso ya varias veces ¿No será que de verdad yo he penetrado el más allá? ¿No será que de la puerta para afuera es el presente y de la puerta para adentro es el pasado? Creo que ya le dije que no me gustan los enigmas. Siento terror. Quisiera irme. Siempre le he temido a las historias de fantasmas y aquí en esta casa parece que ellos habitan. Pero sé que la calle es peligrosa.
CARMEN ADELA Sí, la calle es peligrosa. Y es cierto, los fantasmas habitan mi casa. Mi casa está llena de fantasmas, fantasmas del pasado. Mis santos y mis difuntos me cuidan. Me acompañan.
Patricia mira hacia la foto de José Gregorio Hernández. Carmen Adela se sienta en la mecedora.
PATRICIA ¿Es usted devota de José Gregorio Hernández?
CARMEN ADELA José Gregorio y yo siempre estamos unidos y en comunicación.
PATRICIA ¿Desde hace mucho tiempo?
CARMEN ADELA Desde hace un bojote de años. Unos cuarenta o más años. Aunque a mí me parece que fue ayer.
Patricia ve para todos los lados de la casa. Se sienta en el sofá y se levanta rápidamente. Camina hacia el retrato del santo. Lo observa.
PATRICIA ¡Cuénteme! Sé que tiene mucho que contar acerca del doctor. (Señala hacia el cuadro) Cuénteme.
CARMEN ADELA Para mí será un placer hacerlo. Pero te vas a arrepentir porque cuando los viejos comenzamos a hablar no hay quien nos pare.
PATRICIA ¿Y si entrara su esposo por esa puerta no se pararía?
CARMEN ADELA Creo que ni así. Pero mejor hagamos algo. ¿Recuerdas los cuadernos de los que te hablé? En uno de esos cuadernos hay varias páginas que hablan del doctor. Los voy a buscar. Pero eso sí, quiero que lo leas tú. Mis ojos ya no me ayudan mucho y de noche menos. Confundo las letras. ¿Estarías dispuesta? Además sería tan hermoso oír lo que escribí hace tanto tiempo. Sé que entenderás mi caligrafía, porque mi letra es como dicen de molde. ¿Qué me contestas?
PATRICIA Claro, claro que lo haré. Además es un verdadero privilegio. Es un privilegio como para una hija o una nieta o por lo menos un familiar. Apenas si soy una simple vecina reciente.
CARMEN ADELA Bueno, con mi edad podrías ser mi bisnieta. Fíjate que mi hija tiene cerca de setenta años y mi nieta tiene cuarenta y cuatro. Mi nieta no tiene hijos pero si los tuviera pudieran tener tu edad. Quiero imaginarme que eres la bisnieta que nunca conoceré o tal vez eres mi nieta cuando ella tenía tu edad.
PATRICIA Cómo me gustaría tener una abuela o una bisabuela. ¿Sabe? Mis abuelos murieron.
CARMEN ADELA Pues no eres una vecina: eres mi nieta cuando tenía tu edad y ahora voy a buscar los cuadernos. ¡Espera!
Se levanta de la mecedora y camina animosamente hasta su habitación.
ESCENA VIII
Mientras tanto Patricia se levanta del mueble y camina alrededor del escenario. Observa todo. Regresa Carmen Adela. Trae consigo una bolsa algo pesada. Patricia va hacia ella para ayudarla.
CARMEN ADELA Aquí están algunos de los cuadernos. Ahora falta saber cuál es el que tiene lo de José Gregorio Hernández. (Patricia toma la bolsa y la coloca en el sofá. Carmen Adela se sienta al lado y comienza a hurgar). Déjame ver. No, éste no, éste tampoco. No, no, Tampoco. Recuerdo que es un cuaderno que tiene el dibujo de un barco. Me dije a mí misma muchas veces que quería dejar la rutina de estas cuatro paredes e irme lejos en aquel barco. Aquí está. Éste es. Toma, quiero que lo leas en voz alta. Disculpa mi letra y mis errores. Fui por poco tiempo a la escuela. El maestro me enseñó todo lo que pudo y después le dijo a mi mamá: "señora Francisca Sotera ya yo no tengo más nada que enseñarle a Carmita". Así que lo demás tuve que aprenderlo sola a lo largo de la vida.
PATRICIA No se preocupe que errores tenemos todos. Conozco a unos cuantos universitarios que los tienen. Sin ir muy lejos, yo misma soy rica en ellos. La idea es aprender de los errores y mejorar. ¿Sabe?
CARMEN ADELA Eso es aplicable a los jóvenes. Ya a mi edad no tengo tiempo para eso. Conmigo sí va el dicho: loro viejo no aprende a hablar. ¿Crees que entenderás mi letra?
PATRICIA Déjeme ver. Sí. Tiene usted una letra muy hermosa. Hay cosas que no se aprenden en la escuela.
CARMEN ADELA ¡Herencia de mi madre!
PATRICIA Déjeme comenzar. Siéntese en su mecedora. (Patricia se arregla en el sofá y Carmen Adela en su mecedora. La escena se oscurece. Se oye la voz de Patricia).
Así fue como Pedro fue salvado por el doctor José Gregorio Hernández.
ESCENA IX
La misma sala pero más brillante y más iluminada. Se ve renovada. Alguien toca. Sale Carmen Adela de mediana edad. Viene de la cocina secándose las manos con el delantal que lleva puesto. Abre. Alguien entra.
LUISA Ya tengo noticias.
CARMEN ADELA ¡Dígame, comadre!
LUISA Se cayó el puente. Los obreros murieron o por lo menos muchos. Todo fue muy rápido. Mire, aquí tengo el periódico, todo sucedió antes de que cerraran la edición de ayer.
CARMEN ADELA Démelo (Revisa y grita) ¡Éste es Pedro!¡ Mire está entre los cadáveres! ¡El que está al frente!
LUISA No tiene porque serlo. Déjeme ver. (Le quita el diario). Sólo es parecido.
CARMEN ADELA Claro que sí es y está muerto ¡Muerto! Me voy al hospital. Ahí dice que los tienen allá esperando a que los reclamen.
Carmen Adela entra a la habitación y sale con una cartera y sin el delantal. Se dirige hacia la puerta de la calle con aplomo.
LUISA Yo voy con usted, comadre.
ESCENA X
Ambas salen. La escena es oscura. Sólo son iluminados las actrices.
LUISA ¿Qué le dijeron, comadre?
CARMEN ADELA No murió, comadre.
LUISA ¡Gracias a Dios!
CARMEN ADELA Estaba entre los cadáveres, pero movió una mano y alguien lo notó y lo sacaron de entre los muertos. ¿Te imaginas? Por poco lo entierran vivo. (Muestra tristeza). Sin embargo uno de los médicos tratantes habló conmigo y... (Estalla en llanto)
LUISA ¿Y qué fue lo que le dijo?
CARMEN ADELA Sólo un milagro lo salvará. Está muy mal, perdió un ojo y el oído derecho no le servirá nunca más. Tiene fractura doble de cráneo. Además se lastimó gravemente otros órganos vitales. ¡Sólo un milagro lo salvará!
LUISA Entonces... espere. (Hurga en su cartera. Saca una estampita). Dicen que este doctor es muy milagroso. Tome esta estampa, debe rezar bastante, pídale que se lo salve.
CARMEN ADELA (La toma pero no la ve).Gracia, comadre..
LUISA: No, de nada. Bien, me tengo que ir. No les avisé a los muchachos que vendría para acá.
CARMEN ADELA Sí, comadre es mejor que se vaya.
LUISA Pero eso sí: mañana temprano regreso. Dígame lo que quiere que le traiga.
CARMEN ADELA No, nada.
LUISA Va a sentir mucho frío, le voy a dejar mi abrigo (Se lo saca).
CARMEN ADELA Gracias, comadre.
Se va Luisa.
ESCENA XI
Entra el doctor José Gregorio Hernández.
DR. JOSÉ GREGORIO ¿Carmen?
CARMEN ADELA ¿Sí?
DR. JOSÉ GREGORIO ¿Cómo sigue Pedro?
CARMEN ADELA Mal. Los médicos me dijeron que estaba muy mal. ¿Pero usted no es uno de los médicos de este servicio? Yo creo que no lo había visto antes, ¿Cómo supo mi nombre?
DR. JOSÉ GREGORIO (No hace caso a sus preguntas) Carmen, Pedro va a mejorar, no te preocupes. Voy a entrar a verlo.
Desaparece.
CARMEN ADELA ¡Qué raro! Yo no he visto antes a este doctor. No me contestó. Seguro trabaja en otro piso o en otro servicio. ¿ Y cómo supo mi nombre? (Abre la cartera y saca la estampita.) Pero ¡¿cómo?! Es una fotografía del doctor que acaba de entrar a ver a Pedro. ¿Qué es esto? Ahora recuerdo las palabras de Luisa. ¡Milagro! ¡Milagro!
Se oscurece completamente la escena
ESCENA XII
Ahora aparece la sala del principio. Se encuentran Carmen Adela y Patricia.
CARMEN ADELA Al día siguiente, Pedro amaneció mejor, todos los médicos estaban asombrados. No podían explicarse lo que había ocurrido.
PATRICIA ¿Y qué pasó con el doctor?
CARMEN ADELA Nadie lo había visto. Al principio ni yo misma creía verdaderamente el milagro.
PATRICIA No es fácil creer en los milagros.
CARMEN ADELA Sin embargo, luego sí creí. Pedro me dijo que un señor con las mismas características lo había estado examinando y que le comentó que lo operaría. Después no supo más de sí mismo hasta el día siguiente. Amaneció recuperado. Los doctores no entendían y tampoco admitían el milagro. Después yo me enteré que no era la primera vez que sucedía algo así. Había ocurrido varias veces. Desde esa vez el doctor José Gregorio Hernández, el siervo de Dios, es mi santo.
PATRICIA A mí me cuesta mucho creer esas cosas. Escuchándola a usted empiezo a creerlas.
CARMEN ADELA Hay que creer. Aunque, es verdad lo que dices. A veces no es fácil pero hay que creer aun en contra de uno mismo. Para creer es preciso tener fe en lo que no ves, o en lo que no entiendes, en lo que rechaza su raciocinio. (Suena el reloj. Las doce campanadas) Estoy cansada ¿Sabes?. Suelo ir a dormir a las siete de la noche. Hoy he hecho todo diferente.
PATRICIA Debe ir a descansar. Vaya a dormir, yo me acomodo aquí mismo y en lo que amanezca me voy.
CARMEN ADELA No te vayas a sentir culpable. Sabes que estoy esperando a Pedro y por eso no he ido a descansar. Escucha: la noche terminará cuando comience a amanecer, a eso de las seis. Faltan seis horas para que amanezca. Justo lo que necesita un cuerpo joven para descansar. Preferiría que durmieras en el cuarto de Esteban.
PATRICIA No. Déjeme dormir aquí por favor, en su mecedora.
CARMEN ADELA ¿Y por qué no duermes en el sofá? Es más cómodo.
PATRICIA La mecedora está bien. No pienso dormir profundamente. Apenas quiero descansar.
CARMEN ADELA Está bien. Pero te traeré una cobija y unos cojines. (Sale. Regresa con lo que fue a buscar) Aquí tienes acomódate. No me ofrezco para quedarme más tiempo aquí contigo porque estoy muy exhausta. Descansa lo que puedas. Suelo levantarme a las cinco. Prometo no hacer ruido para no molestarte.
PATRICIA ¿Y qué tanto hace tan temprano?
CARMEN ADELA De todo. Riego las matas. Hago café, preparo la leche, cocino unas arepitas. Y todo acompañada de la radio, me encanta escuchar las noticias.
Se va a su cuarto. Patricia extiende sus miembros. Se acomoda en la mecedora. Apaga la lámpara antes de quedarse rendida. La escena queda oscura.
ESCENA XIII
Después de unas pausa, Patricia, quien se ha dormido, es iluminada y luego la puerta del cuarto de Carmen Adela. Ésta sale. Ahora sólo hay luz sobre Carmen Adela y Patricia. La anciana comienza a hablar. Observa a Patricia.
CARMEN ADELA Esta joven se parece tanto a